Estaba sentado en aquel frío balcón con una taza de té caliente, sostenía con su mano izquierda el plato y con la derecha la taza de porcelana blanca con grabados de oro, todo de una manera muy elegante mientras tomaba un leve sorbo sin quitar su mirada del paisaje: un poblado, "su poblado", a la rivera de un lago, situado en un valle de colinas con picos empapados en nieve y pastizales verdes que parecían cambiar de color a medida que el sol bailaba por los cielos. Una de las cosas más resaltantes de aquel pueblo era el "sistema de transito". Todo estaba conectado por cinco puentes principales: el Puente del Norte que atravesaba las más frías colinas, el Puente del Sur que pasaba sobre el lago y se extendía más allá, el Puente del Este que atravesaba una cueva, el Puente del Oeste que danzaba sobre las colinas más bajas y por último, el hermoso y elegante Puente del Castillo, a diferencia de los otros puentes, este estaba hecho de mármol y no de piedra, pasaba sobre un pedazo del lago como si fuese un puente al mismísimo cielo hasta llegar al castillo que parecía de cristal y diamantes negros, ahí se encontraba él, tomando una taza de té con aquella mirada melancólica.
-Verdes... las colinas estaban verdes, se tornaron azules y pronto serán carmesí en su honor. -bebió otro sorbo de té mientras cerraba los ojos, quedando en un completo estado de paz. Luego colocó el plato y la taza sobre la pequeña mesa redonda, y aún sin abrir los ojos suspiró- el té está amargo Frederick. -abrió los ojos y se dedicó a poner cuatro cubos de azúcar en la taza- Dime, no logró aguantar más, ¿cierto? Sabes el ocaso nunca es rojo carmesí, siempre es verde azulado. El rojo solo trae muerte. -Sus ojos plateados se quedaron fijos en el horizonte, reflejando cual espejos el ensangrentado cielo, como si supiera algo que solo el sabía, como si pudiera ver algo que solo el veía.
-Usted siempre ha sido bueno adivinando lo que quiere decir el cielo, es un don sentir las almas de las demás personas-dijo en un tono suave y sublime, Frederick tenía una voz aterciopelada-.
-Es una maldición. El alma de "ella" ya ha partido, ¿por qué no me habéis avisado antes?
-Mis condolencias su majestad, no era intención nuestra que su persona se enterase de este modo, pero no pudimos hacer nada. La reina, su madre, ha muerto. Ahora solo queda usted al trono, -puso su rodilla izquierda en el suelo he hiso una reverencia mientras ponía su mano derecha en donde va el corazón- Mi querido y joven Rey: "Luc Matthieu IV Fitzroy Chevelier".
-Frederick, necesito un momento a solas, por favor, dejame estar solo. -dijo con cara de puchero mientras se levantaba de su sillón para recostarse del borde del balcón y seguir observando el ocaso sin siquiera mirar al pelimarrón que se arrodillaba ante el.
-Lo que usted diga, my lord. Pero antes de irme le quería decir, ya se han enviado comunicados a las Tierras Cardinales a través de sus respectivos puentes, su coronación sera en once días. -Frederick se retiró de la habitación con sumo cuidado y silencio, casi como un gato escabulliéndose entre las sombras.
- Y aquellos que ruegan perdón algún día lo tendrán y al paraíso marcharán, ¿de que sirve cuidar un cuerpo si su alma danza de negro?. No te pierdas en las penumbras y camina hacia la luz, alma que se ha ido unida con el final de un día, tus recuerdos llacen en el Castillo de Luz. Juro solemnemente proteger lo que has protegido, Madre, debo ser fuerte, más fuerte que nadie, si suelto una pequeña lágrima ¿qué esperarán los demás de mi? ahora que me he quedado solo tengo que continuar mi camino... pero, ¿que voy a hacer ahora? -dijo tristemente mientras el ocaso llegaba a su final, se sentó en una esquina del balcón con sus rodillas apretadas hacia su pecho y su rostro oculto entre esto, dejando a la vista solo su cabellera negra y sus ojos que reflejaban el ultimo rayo de sol en un tono carmesí- Tengo miedo... pero debo ser fuerte. Solo yo puedo proteger al "Ánima"...
Frederick no pudo hacer más que derramar unas lágrimas de tristeza y pena por su joven príncipe, como lo hubiese gustado poder consolarle pero estaban separados por una puerta, lo cierto es que el admiraba al joven de apenas 19 años por ser capaz de soportar tal carga sin colapsar. Él mejor que nadie sabia lo solo que estaba Luc en el mundo, sus hermanos menores habían muerto, su padre y su madre también y después de todas esas perdidas el era quien mantenía a su madre en pié, el era quién a final de cuentas los protegía a todos, el era la espada, el escudo y el caballero, además era una persona noble y piadosa, que lo traba a el como a un hermano mayor y no como a un mayordomo, y el, Frederick, aunque no lo admitiese también le quería como a un hermano menor.
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- Entonces, ¿Por fin la reina Diamella ha muerto? Ahora ese crío esta completamente solo, ¡esto es perfecto! -exclamó la risa burlona-
-¿Y qué planea hacer ahora su majestad? Con la reina muerta, la fuerza del Castillo de Luz es débil.
-Púes, ¿qué más que apoderarme del Ánima? Ese crío no lo podrá proteger por si solo, todos saben que la fuerza del Castillo de Luz era gracias a la fortaleza y el poder de la reina...
-¿No está muy confiada? Ese crío es hijo de Roux después de todo.
-¡Es solo un crío! No tiene ni 21 años, ¡todo va a mi favor!, el Ánima será mía. Dalo por seguro.
-Fin del primer capítulo-
sin la autorización escrita de Liecht Castle
